Inicio

De la verja hacia adentro: un espacio productivo


 

Ni siquiera en el Rocío se ha saltado tantas veces la verja como en el Puerto de Cádiz. No recuerdo en los últimos años ningún proyecto sobre la ordenación de la capital gaditana que no pasase por derribar la valla y mandar la actividad portuaria con los contenedores a otra parte. Pero, ¿qué otra parte?

Muchos ciudadanos, anónimos o no, creen que es fácil imitar las acciones emprendidas por otros puertos, como el caso del Puerto de Bilbao, que ha salido al exterior dejando los terrenos que antes ocupaba para uso y disfrute de la ciudad. O como el Puerto de Barcelona, que se ha trasladado hacia la costa y ha dejado una amplia superficie que, sin duda, aliviará los problemas de espacio de una urbe tan limitada espacialmente como la nuestra.

Aunque los ejemplos son múltiples, las posibilidades de imitarlos no lo son tanto. Emular en la Bahía de Cádiz los proyectos de crecimiento o desplazamiento ejecutados en otros puertos no es ambientalmente posible.

Desde Sanlúcar hasta Tarifa no hay un hueco para el desarrollo portuario distinto de los ya existentes. Parques naturales, zonas protegidas, servidumbres militares, desarrollo urbanístico, usos turísticos. El espacio en Cádiz está acabado y las posibilidades físicas de expandirse, también.

¿Cuál es la alternativa? ¿Construir nuevos muelles junto a de las murallas de Cádiz? ¿Invadir el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, creciendo en Puerto Real hacia Los Toruños? ¿O ampliar la dársena de El Puerto de Santa María hacia la playa de Valdelagrana o de La Puntilla?

No se puede crecer a cualquier precio. Teóricamente, cada una de las opciones dadas es posible, pero el coste medioambiental, social y económico que conllevarían no compensa su puesta en práctica.

El Puerto de la Bahía de Cádiz, al igual que el Puerto de Sevilla o los gallegos, genera cerca de cuatro empleos por cada 1.000 toneladas movidas, según un estudio realizado por la Universidad de Cádiz con datos de 1998. En 2005 pasaron por los muelles de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz más de 5,8 millones de toneladas. Si se extrapola y actualiza el ratio anteriormente señalado, entre 18.000 y 20.000 puestos de trabajo dependen de forma directa, indirecta o inducida de la existencia del muelle en la actualidad. O, dicho de otra forma, si desapareciera totalmente la actividad portuaria, se perderían más de 18.000 empleos.

Las empresas que componen la industria portuaria, la pesca y aquellas compañías que mantienen una relación de dependencia con el puerto generan en nuestra región un volumen de ventas de 1.400 millones de euros, mientras que el Valor Añadido Bruto (VAB) producido por la presencia del muelle se cifra en más de 630 millones de euros.

Dicho de otra forma, el conjunto de actividades económicas dependientes del Puerto suponen alrededor del 0,8% del VAB y del empleo en Andalucía, entre el 5 y el 6% en la provincia y más del 15% en la comarca.

Más allá de estas variables económicas, la productividad del puerto se puede traducir en términos muchos más simples pero también esclarecedores. Así, los 544.595 metros cuadrados de superficie que ocupa la dársena de Cádiz capital, por donde el pasado año pasaron 2,7 millones de toneladas de mercancías, están generando un empleo por cada 62 metros cuadrados de suelo portuario y por cada 0,32 metros de muelle.

Una bahía como la de Cádiz que adolece de un tejido industrial importante no puede permitirse el lujo de infravalorar la poca actividad industrial y productiva que le queda.

Los argumentos para defender la actividad portuaria son, visto está, múltiples e indiscutibles. El primero de ellos es, como ha podido comprobarse, que los puertos son grandes generadores de empleo, a lo que hay que sumar el importante papel que están desempeñando en una época de intercambios comerciales crecientes como la que vivimos.

La moneda única, las reformas estructurales, el desarrollo de nuevas infraestructuras, la liberalización del comercio, la globalización, la logística y la nueva economía, entre otros factores, han acelerado los intercambios comerciales nacionales e internacionales y han hecho que el transporte crezca por encima del PIB.

Según los expertos, en la próxima década el transporte de mercancías crecerá un 40 por ciento en Europa. En este contexto la multimodalidad e intermodalidad de los transportes y, por ende, el tráfico marítimo, tienen mucho que decir y así lo han asumido todos los gobiernos, sea cual sea su color, así como la Unión Europea.

El Puerto de la Bahía de Cádiz no puede quedarse atrás en esta carrera de relevo en la que hay que apostar por el equipo mejor relacionado, con las infraestructuras más modernas, eficaces y competitivas y por el más integrado en el grupo y para ello es necesario contar con el apoyo del entorno.

Los ciudadanos, y también los políticos, deben entender que el puerto no es un lugar de paseo, ni un parque, ni una plaza. Es un lugar de trabajo, es un recinto fiscal del que parten y al que llegan decenas de miles de personas y millones de toneladas de mercancías. Es un centro productivo y un elemento esencial en el desarrollo económico y social de su entorno, que en ocasiones se siente agraviado por el ruido de unos camiones o por la presencia de una verja que no pretende separar, sino proteger.

En un aeropuerto, a ningún ciudadano se le ocurre recibir o despedir a nadie a pie de pista, a no ser que se trate de alguna autoridad. Sin embargo, cada día los agentes de la Policía Portuaria que controlan los accesos a los muelles tienen que convencer a algún viandante de que no es posible pasar si no tiene una autorización o un cometido laboral.

La verja y los controles de acceso no son un capricho sino el cumplimiento de una estricto y necesario código internacional puesto en marcha a raíz de los horribles atentados del 11 de septiembre de 2001, que evidenciaron la necesidad de poner en práctica estrategias de protección globales, de las que no escapó el tráfico marítimo.

El organismo que presido es consciente, ante este panorama, de la necesidad de conciliar el desarrollo de la actividad marítimo portuaria con la seguridad, el respeto al medio ambiente y la integración con la ciudad. Es labor de todos conciliar estos objetivos, que en determinados aspectos pueden ser contrapuestos. Las opiniones de los partidos políticos, grupos sociales y la ciudadanía en general, son bien recibidas para que el debate depure los razonamientos y se siga avanzando en la conquista del bien común.

En resumen, la utilización del espacio portuario es, hoy por hoy, estrictamente necesaria y comienza a ser insuficiente, estando probada su productividad. Sólo si existiera una alternativa viable para ampliar el suelo portuario y se desarrollara, se podrían plantear los usos complementarios del suelo disponible de acuerdo con la legislación vigente.


 

Copyright © 2004 Sindicato Profesional de Policía Portuaria
Inicio